Los mayores meteoritos caídos a la Tierra que conservamos

Meteorito Hoba – Astronom.cz Si hay objetos en este planeta que resulten fascinantes, pocas dudas puede haber de que son aquellos que proceden de fuera del mismo, esto es, los que han llegado a nuestro planeta desde el espacio. De los mayores meteoritos que impactaron contra la Tierra, ya hace millones de años, quedan los inmensos cráteres que son bien difíciles de distinguir a simple vista. Mas otros los hemos hallado, más de treinta y uno, e inclusive de ciertos hasta hemos presenciado su caída, de más de mil desde el primer registro, aunque de año en año aterrizan unos quinientos. Debido a la citada fascinación, a su escasez y a lo valiosos que son para las investigaciones científicas, un solo gramo de meteorito vale en torno a mil euros, unas 59 veces más que el oro, conforme cuenta Sergio Vid en su libro El factor del que solo hay un gramo y otras historias sobre física, química y substancias pasmosas (dos mil quince). No es de extrañar que existan personas dedicadas a entregar con ellos, o sea, genuinos buscadores web de meteoritos, a los que seguro que les hubiera encantado localizar los más grandes que preservamos.

Las mayores rocas llegadas del espacio que se pueden visitar

Meteorito Willamette – Mineral-forum.com Si uno visita el Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York y accede a la sala Dorothy and Lewis B. Cullman, en la planta baja, puede contemplarse el meteorito Willamette, que fue descubierto en Oregón por el colono Ellis Hughes en mil novecientos dos, y la Compañía de Acero y Hierro del estado, a la que pertenecía Hughes, lo donó al museo en mil novecientos seis. No obstante, los Clackamas ya conocían su existencia y, en verdad, lo llamaban Tomonowos o bien Visitante del Cielo, con lo que les debió resultar evidente que era de donde venía, pues calculamos que llegó acá hace un millón de años, mucho antes que el humano anduviese sobre Norteamérica. El día de hoy, a los descendientes de estos indígenas, las Tribus Confederadas de Grand Ronde, realizan de año en año una visita ritual al meteorito, que es lo que se acordó una vez que lo reclamaran para sí. Es metálico, de hierro en su mayoría, pesa unas 15 toneladas y media y es el sexto más grande del planeta. Se especula con que, realmente, impactó en Canadá y una calota de hielo lo transportó hasta Oregón. Meteorito Mbozi – Wikipedia.org Las dieciséis toneladas del meteorito Mbozi, localizado en la urbe de Mbeya, al sur de Tanzania, lo transforman en el quinto mayor. Es del mismo modo férrico, con pedacitos de silicato, y los habitantes del sitio siempre y en toda circunstancia lo habían conocido como Kimwondo, mas no fue hasta la tercera década del pasado siglo cuando los científicos supieron de él. Podría parecer, con lo que hemos visto y vamos a ver, que la mayor parte de hierro es lo frecuente en estas rocas, mas la verdad es que solo es de esta manera en ciertos cientos de las más de treinta y uno que, como digo, hemos encontrado. En la población mexicana de Chimichín, unos campesinos encontraron en mil ochocientos sesenta y tres el cuarto meteorito más grande, el que lleva el nombre de su sindicatura, Bacubirito, si bien le atribuyan el descubrimiento al geólogo estadounidense Gilbert Ellis Bailey. Diríase que tiene forma de oreja, pesa unas 21 toneladas y está compuesto asimismo de hierro sobre todo, lo que hace que la intemperie a la que está expuesto lo oxide y pierda masa gradualmente. Como ocurre con no pocos, se ignora en qué momento nos cayó del cielo. Meteorito Bacubirito – Timetw.com En mil novecientos cincuenta y nueve se lo extrajo de su cráter y continuó en el Centro Civil Constitución de Culiacán hasta mil novecientos noventa y dos, año en que se lo trasladó a la explanada del Centro de Ciencias de Sinaloa, donde se halla hasta hoy. En dos mil trece, habiendo pasado ciento cincuenta años desde el instante en que diesen con él, se planteó a la UNESCO que lo declarase Patrimonio Cultural de la Humanidad, y se lo considera entre los mejores reclamos turísticos de México. La sala Arthur Ross del Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York, en un extremo de la primera planta, cobija un fragmento del meteorito Ahnighito o bien de Cape York, que fue descubierto en la groenlandesa Savissivik en mil ochocientos noventa y cuatro por el explorador estadounidense Robert Peary; aunque los científicos sabían de su existencia por lo menos desde mil ochocientos dieciocho, hasta 5 expediciones que salieron en su busca no lo hallaron y, además de esto, para la tribu de los inuit era algo conocido: uno de sus miembros guio a Peary hasta la roca. Meteorito Ahnighito – News.NationalGeographic.com Asimismo está compuesto básicamente de hierro, como los precedentes, se estrelló contra la Tierra unos diez años atrás y se conocen hasta 8 fragmentos del mismo; pesa unas 31 toneladas y es el más grande que haya movido el humano jamás, el tercero en tamaño del planeta. Peary se lo vendió al museo por cuarenta dólares estadounidenses y le llevó 3 años organizar el traslado a N. York. Otro de sus fragmentos, el Agpalilik, pesa unas veinte toneladas. En lo que el día de hoy es Argentina, hace unos cuatro mil años, se precipitó una lluvia de meteoritos metálicos en la que derivó el estallido de un asteroide de unas ochocientos cuarenta toneladas al atravesar la atmosfera. Fue en el extenso territorio conocido como Campo del Cielo, y de sus fragmentos, el más grande es Chaco, con unas 37 toneladas de peso, el segundo mayor del planeta. Lo descubrió en mil novecientos sesenta y nueve un habitante del sitio, Raúl Gómez, y un astrónomo de la NASA, William Cassidy, estuvo al cargo de la excavación hasta mil novecientos setenta y dos. Mas, hasta el momento en que no llegó mil novecientos ochenta, no fue desenterrado y también izado por la Fuerza Aérea Argentina. Meteorito Chaco – ElFederal.com.ar Mas el que se lleva la palma como el mayor meteorito caído a la Tierra que preservamos es Hoba, de hierro y níquel, hallado en mil novecientos veinte en la granja Hoba Oeste, cuyo dueño lo donó al Estado, no lejísimos de Grootfontein, ayuntamiento de Namibia. La escasa velocidad con la que impactó hace unos ochenta años no generó ningún cráter y lo sostuvo esencialmente íntegro. Mas la erosión y el vandalismo no excusan, y de unas sesenta y seis en el instante de su descubrimiento, el día de hoy tiene unas sesenta toneladas de masa. Por suerte, en mil novecientos ochenta y siete, el Gobierno estableció un centro turístico protegido en el sitio, y Hoba es visitado por millares de personas cada año.

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